Desde la motivación que generó un insospechado "día espontáneo" -pasando por mis ideales rupturistas contra el paradigma adultocentrista del "deber ser", una inusual burla al categórico establecimiento de mi rutina académica y los planes matutinos tejidos en la apertura de la vista aún bajo la almohada-, hasta la quimera futura de escaparme a vivir al Valle del Elqui... eh aquí una voladita más para mi rinconcito ciberespacial.Y es que he deseado por un rato esa manera de vivir el tiempo con tiempo, con todo tiempo, sin hacerle bufar los émbolos, acicateándolo con mentalidad de capataz. Porque como un capataz rígido y esclavizante, es que se ha recreado el Dios Cronos postmoderno: en la materialidad de un tiempo violentado por las consignas de la productividad, la eficiencia del deber al menor tiempo posible. Y de allí la contingente lectura de los relojes y el calendario occidental, desde una ca da vez más reiterada y particular, hermenéutica maquinística.
¿Por qué teníamos que ponerle rótulo de siglo al año y a los años que seguirían viniendo y llegando con la misma secuencia que aprendieron a soportar Adán y Eva? Israel no vivió a trechos de siglos, en tanto que aguardaba al Mesías, y cuando vino, tampoco Él se ajusto a mediciones de calendario, y al ser interrogado sobre el final de los tiempos, respondió que solo esa fecha la sabría el Padre. Entonces, ¿por qué no treguas más seguidas para la pompa del racionalizado tiempo de las lógicas competitivas? Qué ganas de vivir deslizándome hacia el más allá, al igual que el río a su delta que después de pasar por los valles tranversales del Elqui, se emprende en algunas vueltas airosas, para luego pasar por las morosidades del llano, hasta finalizar en la sorpresa de una pequeña cascada que por fin se remansa. Sin duda, como un río fluído, un tiempo sin presiones.

¿Cuándo fue que los embelecos del occidentalista siglo veinte y veintiuno calaron en el tuétano de nuestra vida andina, para que después alardeáramos como "tiritireros" de circo ajeno? Mientras la hermana de Gabriela Mistral, alerta y curiosa quería conocer los avances tecnológicos que traía consigo la cultura anglosajona, esta poetiza no preguntaba nada porque tenía, novedoso y portentoso, las alegres viñas y chirimoyas de su Valle del Elqui en derredor. ¿Cuál era su tiempo? La esencia del eterno presente: un rodar fuera del tiempo, donde ya no se rueda ni se hace gesto, porque "se es siendo, donde se está estando".
Parece imposible salir de este holístico sistema que nos atrapa en la dinámica del constantey preocupado quehacer, cuyo beneficio al cual se le rinde tributo, no siempre es directamente proporcional al bienestar. Pero a pesar de esta dicotomía, siempre hay pequeños núcleos, personitas fraternas o instantes espontáneos que, por unos minutos, un par de horas, o una tarde... permiten la trascendencia desde una la trivial cronología a un tiempo de juego. Porque solo cuando se está jugando, no se confunde proceso con resultado, viviendo un accionar placentero, en la inocencia de simplemente ser lo que se es en el instante que se es. Cuando Jesús dijo: tendreís que ser como niños para entrar en el reino de Dios, dice precisamente esto: solo el que viva en la inocencia, en el presente, y no se enajene en las apariencias ni en el futuro de las consecuencias de su hacer, vivirá en el reino de Dios.
De allí que, como señaló un amigo de la Vicaría Pastoral Universitaria: ayúdanos a centranos en la tarea del reino de Dios, porque lo demás [quehaceres, evaluciones académicas, etc.] añadido será. Es como la canción "Aleluya, busca primero".
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Agradecimientos especiales -por motivación inspirativa- a mi alegre compañero de comisión organizativa: "Huellas 2009", staff finanzas.... ^^! wiiiiiiii!! juajuajua!








